Colonialismo tecnológico: el megacentro de datos que consume Argentina… y deja a las pymes en el camino

Mega data center, vista desde el interior, un lago pasillo con torres de computadoras todo muy organizado e impecable

La Patagonia argentina se ha convertido en el nuevo epicentro de una fiebre tecnológica que promete transformar al país en un polo de inteligencia artificial. OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, firmó en octubre de 2025 una carta de intención con la firma local Sur Energy para construir un mega centro de datos con una inversión estimada de 25 mil millones de dólares y una capacidad de hasta 500 megavatios. El proyecto, bautizado Stargate Argentina, sería el primero de su tipo en América Latina.

Pero mientras el gobierno y las grandes corporaciones celebran las cifras astronómicas, los verdaderos damnificados de esta “revolución” son las más de 600.000 pymes argentinas, que representan el 99,4% del tejido productivo nacional y generan el 64% del empleo registrado. Ellas no solo quedan excluidas del reparto de las ganancias, sino que además deberán soportar el costo ambiental y financiero de un negocio que no las necesita.

“Estamos ante un nuevo extractivismo digital, donde los datos, la energía y el agua son extraídos de los territorios. Las pymes locales miran desde afuera mientras los recursos se van”, advierten los análisis críticos del fenómeno.

¿Quién gana realmente? Las pymes, jamás

El discurso oficial vende estos proyectos como una oportunidad histórica para toda la economía argentina. El gobierno de Javier Milei, a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), ofrece amplios beneficios fiscales y aduaneros por 30 años para atraer capital extranjero. OpenAI, por su parte, promete que Argentina se convertirá en “un líder regional y global en inteligencia artificial”.

Sin embargo, el investigador Steven Gonzalez Monserrate, autor de “Ecologías de la nube”, describe el proceso como una “terraformación”: la transformación de territorios enteros para adaptarlos a las necesidades de las grandes tecnológicas. Y advierte:

“Vemos de nuevo el flujo de recursos que estos centros de datos producen hacia los países desarrollados a través de empresas occidentales. De esta manera, afianzan las desigualdades y crean un nuevo colonialismo”.

¿Y las pymes en todo esto? Simplemente no están en la ecuación. Un megacentro de datos es una infraestructura hiperautomatizada que genera apenas entre 50 y 100 puestos de trabajo permanentes (altamente calificados, muchos ocupados por personal traído del exterior). No hay demanda de proveedores locales de componentes electrónicos, no hay encadenamiento productivo con la industria nacional, y los servicios de mantenimiento crítico suelen tercerizarse a filiales de empresas globales.

El periodista especializado Sebastián Di Doménica lo resume con crudeza: en Estados Unidos, “ninguna comunidad quiere un data center cerca de su ciudad”. Son los países del Sur, con regulaciones más débiles y recursos más baratos, los que terminan recibiendo estas instalaciones. Argentina es elegida por su “regulación cero”, no por su capacidad de generar valor agregado local.

La pregunta es inevitable: ¿por qué beneficiar a un gigante extranjero con décadas de exenciones impositivas, mientras una pyme local sigue pagando IVA, Ganancias y cargas sociales sin recibir ningún estímulo comparable?

El costo oculto: agua y energía que las pymes ya no podrán pagar

Los centros de datos son devoradores de recursos. Un datacenter promedio puede consumir hasta 60 millones de litros de agua, mientras que su demanda energética equivale a la de una ciudad de 250 mil habitantes. El proyecto de OpenAI se ubicaría probablemente en la provincia de Neuquén, en una zona cercana a Vaca Muerta y al río Limay. Pero la región ya enfrenta problemas de estrés hídrico: los ríos Limay y Neuquén registraron en el último año caudales hasta un 40% menores que los históricos.

“Los mega data centers también son grandes demandantes de agua, como el fracking, y pueden impactar fuerte en el ambiente”, alerta un informe de Chequeado.

¿Cómo impacta esto en las pymes argentinas? La competencia por recursos hídricos y energéticos disparará los costos de los servicios públicos para todos los usuarios comerciales e industriales. Las pymes manufactureras, los frigoríficos, las bodegas y los pequeños comercios de la Patagonia ya enfrentan tarifas eléctricas dolarizadas. Si el sistema energético nacional debe desviar megavatios para alimentar la inteligencia artificial de OpenAI, la presión sobre las tarifas será insostenible para el bolsillo de los pequeños empresarios.

Además, el especialista Jorge Núñez McLeod señala que Argentina fue elegida no solo por su clima frío —que reduce costos de refrigeración— sino también por su potencial energético, es decir, por la disponibilidad de recursos naturales para explotar. Los recursos que deberían sostener el desarrollo de las industrias locales terminan subsidiando la operación de una corporación extranjera.

Sin regulación, sin control y sin defensa para los pequeños empresarios

El vacío legal es alarmante. En Argentina no existen regulaciones comerciales, impositivas o ambientales relacionadas con la instalación de mega centros de datos. La propia Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén admitió: “De momento, no hay normativas específicas”.

Mientras tanto, Brasil y Chile ya avanzan en regulaciones específicas que exigen a las tecnológicas cumplir requisitos de sustentabilidad y, lo más importante, destinar parte de su capacidad de cómputo al desarrollo científico y universitario local, así como a la integración de proveedores regionales.

Argentina, en cambio, apuesta por la “regulación cero” —como promocionaron el propio Milei y su ministro Federico Sturzenegger en el Financial Times— para atraer inversiones. Esto deja a las pymes en una situación de absoluta indefensión. Mientras el gigante tecnológico recibe estabilidad fiscal y exenciones, las pymes argentinas siguen ahogadas por la presión tributaria y la falta de crédito, sin acceso a las tecnologías que supuestamente llegarán con la “inversión del siglo”.

Organizaciones sociales, juristas y científicos ya han reclamado audiencias públicas y evaluaciones de impacto ambiental antes de que el proyecto avance. Pero, ¿quién defiende a las pymes en esta mesa de negociación? Nadie. No hay cláusulas de transferencia tecnológica, ni exigencias de contratación de proveedores locales, ni programas de acompañamiento para que los pequeños empresarios se suban a la ola de la IA.

PYMEs: el gran ausente y el gran perdedor

El discurso oficial insiste en la creación de empleo y el desarrollo económico. Pero los especialistas advierten que los beneficios son, en el mejor de los casos, limitados y nunca llegan al ecosistema emprendedor y productivo del país.

El periodista Di Doménica sostiene que Argentina debe “exigir beneficios concretos” a cambio de sus recursos, tomando como referencia los casos de Brasil y Chile. Pero por ahora, no hay condiciones claras. Las pymes no solo no recibirán contratos, sino que además enfrentarán un futuro donde sus datos y su operación dependerán de infraestructuras controladas por monopolios extranjeros.

Los centros de datos no compran insumos locales. No necesitan muebles, no necesitan sistemas de seguridad desarrollados por empresas argentinas, no utilizan software de fábricas de software nacionales. Todo el ecosistema de valor —desde los servidores hasta los sistemas de refrigeración— se importa. La economía digital que prometen beneficia a quienes consumen datos desde otros lugares, no a quienes viven en el territorio donde se extraen los recursos.

“Las principales dudas están relacionadas con el uso del agua y la energía que requieren, y el verdadero impacto sobre la economía local”, resume un informe de Chequeado. Y la economía local son las pymes. Ellas son las que pagan impuestos, generan empleo genuino y sostienen el tejido social de las provincias. Recibir a cambio un centro de datos que no les compra, no les contrata y les encarece los servicios, es la definición perfecta de un mal negocio.

El futuro que ya llegó y que excluye a los argentinos de a pie

Inna Afinogenova, periodista de La Base América Latina, ha dedicado episodios enteros de su programa a analizar este fenómeno bajo el título “La nueva cara del colonialismo: el saqueo tecnológico avanza sobre Latinoamérica”. No es casualidad: el patrón se repite en toda la región.

Brasil podría albergar el primer mega centro de datos de TikTok en Ceará, con una inversión de casi 40 mil millones de dólares y un fuerte rechazo de comunidades indígenas. En México, CloudHQ invierte más de 4 mil millones en seis centros de datos en Querétaro. En Chile, AWS proyecta un centro de datos de más de diez hectáreas cerca de Santiago.

América Latina se está convirtiendo en el patio trasero tecnológico del mundo, el lugar donde las grandes corporaciones instalan su infraestructura pesada, consumen agua y energía, y exportan el valor agregado hacia los países centrales. Las pymes latinoamericanas no existen en el radar de estas inversiones. Son mano de obra barata para la construcción, pero jamás socios estratégicos para la operación.

“Los centros de datos son la nueva frontera del extractivismo digital. En lugar de minerales o hidrocarburos, las potencias tecnológicas buscan territorios con recursos hídricos y energéticos disponibles para sus infraestructuras”.

A modo de conclusión: Si no es para las pymes, no es desarrollo

El megacentro de datos de OpenAI en la Patagonia no es una bendición, sino una advertencia. Es el síntoma de un modelo que extrae recursos, concentra beneficios en unas pocas corporaciones y externaliza los costos en la sociedad y el ambiente.

Si una inversión no integra a las pymes en su cadena de valor, no genera encadenamientos productivos y consume los recursos que ellas necesitan para subsistir, no es desarrollo: es expoliación.

El desafío no es detener el avance tecnológico, sino exigir condiciones justas: regulaciones ambientales claras, pero también cláusulas de contenido nacional, exigencia de transferencia de conocimiento, creación de fondos de acompañamiento para pymes tecnológicas, y participación local en los beneficios económicos. De lo contrario, el “derrame” nunca llega.

Como advierte la investigadora del CONICET Erica Correa Cantalube: “Se pueden hacer muchas cosas”, pero hace falta planificación y regulación antes de que sea demasiado tarde. Y esa planificación debe tener a las pymes —el verdadero motor de la economía argentina— en el centro de la escena, no en el margen de un comunicado de prensa.

Fuentes consultadas:

 Avispa.org, Chequeado, Global Voices, Perfil, Unidiversidad, Mendoza Post, El País, Página/12, La Nación, DW, estudios del CONICET y la Universidad de Cambridge, y el programa La Base América Latina.

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imagen que representa los peligros de la fuga de las ia a las pymes
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Fugas, motines y códigos expuestos: los incidentes de seguridad que sacuden a OpenAI y Anthropic

¿Qué significa esto para las pymes?
Estos incidentes no son anécdotas de laboratorio. Para las pequeñas y medianas empresas que integran estas herramientas en sus procesos, las implicaciones son profundas.

El problema de la responsabilidad. Si una pyme contrata la API de Claude o GPT para automatizar tareas y, por un error en la cadena de suministro del proveedor, el modelo ataca a otras empresas desde su propia infraestructura, ¿quién responde? Los fiscales generales de varios estados de EE.UU. ya han iniciado investigaciones sobre OpenAI. La ley aún no tiene una respuesta clara, y una pyme podría enfrentarse a demandas millonarias sin tener culpa alguna.

La filtración de datos sensibles. La vulnerabilidad del razonamiento cifrado demostró que incluso los procesos internos de la IA pueden ser descifrados, exponiendo credenciales y secretos empresariales. Para una pyme, una filtración de este tipo puede dinamitar la confianza de sus clientes para siempre. El ataque a Mixpanel ya demostró cómo los datos de perfil de los usuarios pueden ser utilizados en campañas de phishing.

La dependencia ciega. Las pymes suelen adoptar la IA sin equipos de seguridad dedicados, confiando en que los grandes proveedores tienen todo bajo control. Sin embargo, estos incidentes muestran que ni siquiera OpenAI y Anthropic, con sus presupuestos estratosféricos, son inmunes a errores humanos tan básicos como subir un archivo de 60 MB con el código fuente completo a un repositorio público.

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